Derechos HumanosComunicados e informes50 años del golpe genocida: ¡QUE DIGAN DÓNDE ESTÁN!

50 años del golpe genocida: ¡QUE DIGAN DÓNDE ESTÁN!

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Se cumplieron 50 años del inicio de la etapa más oscura de nuestra historia. Aquel 24 de marzo no fue un movimiento fortuito, se trató de la culminación de un proceso de erosión democrática que desató la implementación de un plan sistemático de exterminio.

Bajo la Doctrina de Seguridad Nacional, el Estado se convirtió en un feroz victimario. La antesala de persecución política dio paso a una maquinaria de terror que buscó disciplinar a la sociedad a través del miedo, el secuestro, la tortura y la desaparición. El terrorismo de Estado fue diseñado para imponer un modelo económico y social contra la clase trabajadora y la juventud militante.

Desde el Sindicato Unificado de Trabajadoras y Trabajadores de la Educación Fueguina, SUTEF, denunciamos que, a 50 años del inicio de la dictadura cívico-eclesiástico-militar genocida, nos encontramos con un gobierno nacional que expresa, de manera casi lineal, aquella subordinación a EEUU y la alianza entre fuerzas armadas y los grupos concentrados del poder económico. De Videla y Martínez de Hoz a Milei, Villarroel, Caputo y Sturzenegger; la derecha cambia de caras, pero sus ideas son las de siempre: desindustrialización, concentración de capital, centralidad financiera y disciplinamiento social. Conocemos las secuelas.

Este 24 de marzo, a 50 años de aquel golpe genocida, fuimos miles de personas en todo el país marchando por las y los 30.000. En Tierra del Fuego AeIAS salimos a las calles gritando MÁS QUE NUNCA, NUNCA MÁS. Porque buscamos Memoria, pedimos Verdad, exigimos Justicia ¡Que digan dónde están!

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COMPLICIDAD CIVIL, PODER ECONÓMICO Y DISCIPLINAMIENTO AL MOVIMIENTO OBRERO

Es imperativo recordar que detrás de las fuerzas armadas, de seguridad y los grupos para-estatales, hubo escritorios, balances contables y complicidades de alto nivel. El terrorismo de Estado funcionó como el brazo armado de un proyecto económico que necesitaba desarticular la organización obrera para imponer la miseria planificada.

Denunciamos la responsabilidad de los sectores empresariales que financiaron la represión, entregaron listas de delegados y delegadas y, en mucho casos, convirtieron sus propias fábricas en anexos clandestinos de centros de tortura y exterminio. No habrá justicia plena sin juezas y jueces a la altura de las circunstancias, que juzguen a quienes diseñaron el plan de saqueo y la estatización de deudas privadas que aun hoy hipotecan nuestro futuro. La absolución de los responsables en la causa “Villazo”, la falta de avances en la causa por la noche del apagón -en la que Carlos Blaquier, dueño del ingenio Ledesma, murió impune- y la suspensión del juicio por los hechos en el ingenio “La fronterita” que debía comenzar el 11 de marzo de este año, son una muestra palpable de la impunidad que, cincuenta años después, siguen ostentando los grupos concentrados del poder económico.

Insistimos: el golpe genocida vino a implementar un plan sistemático y burocrático finamente delineado de terrorismo de Estado para implantar un modelo económico de vasallaje y entrega de soberanía a los capitales internacionales, con el cambio de la matriz productiva soberana hacia la especulación financiera que concentró la riqueza en pocas manos, todas ellas igualmente responsables del genocidio. 

El terrorismo de Estado era indispensable para disciplinar y desarticular al pueblo trabajador que demostró su valentía y coraje apenas unos años antes en lo que conocemos como el ciclo de las puebladas entre 1969 y 1972. Era evidente, tanto para la junta de comandantes como para sus cómplices civiles (empresarios, clérigos, agentes estadounidenses), que su objetivo no sería posible con un pueblo que conocía sus derechos y estaba dispuesto a defenderlos.

 La crueldad desatada para secuestrar, torturar y desaparecer a cada compañera y compañero estuvo meticulosamente planificada para desarmar esa trama social que se tejía solidariamente y, así, sembrar la sospecha que se traducía en el conocido “algo habrán hecho”. 

Claramente, ese modelo económico es al cual el gobierno de Javier Milei nos pretende empujar: con una ley de reforma esclavista que tiene muchos parecidos con el plan de Martínez de Hoz y que se replicó en el 2000 durante el gobierno de De la Rúa. Ninguna de las reformas que plantea trae herramientas novedosas para las trabajadoras y trabajadores que nos garantice un poco de bienestar. 

En lo que va del gobierno actual, se perdieron 290.000 puestos de trabajo, casi trescientas mil familias en nuestro país se encuentran en una extrema situación de vulnerabilidad. Lo vemos en nuestra provincia con el cierre de fábricas que mantiene la zona industrial con cuadras enteras de plantas vacías. Para poder sostener el plato diario de comida, debemos contar con dos o más trabajos; la docencia conoce muy bien este panorama: sumamos la máxima carga horaria posible e incorporamos emprendimientos o trabajos informales para llegar a fin de mes. Atravesamos un contexto de degradación de las condiciones laborales y con un ataque directo por parte del gobierno hacia las organizaciones sindicales a las que intenta debilitar para continuar el plan de saqueo sistemático. 

Este presente puede ser desalentador y oscuro, pero pese al feroz intento de desarticular toda forma de organización, debemos recordar que fue el pueblo trabajador el que finalmente derrotó la ley Banelco, y lo haremos nuevamente, con unidad y una profunda solidaridad.

LOS PAÑUELOS BLANCOS COMO BANDERA

En medio del silencio impuesto y la parálisis social ante el miedo, surgieron ellas. Primero fueron las Madres, luego las Abuelas de Plaza de Mayo. Con la urgencia del amor y una valentía inquebrantable, desafiaron al poder totalitario. 

En cada marcha, en cada búsqueda, transformaron el dolor individual en una lucha colectiva. Frente a la barbarie, nunca recurrieron a la venganza, sino a la búsqueda incansable de la verdad y la justicia. Su ronda no ha terminado, sigue siendo el faro ético de nuestra identidad como pueblo.

Ese grupo de mujeres que dejaron sus casas, que dejaron las tareas que una sociedad profundamente patriarcal les imponía y el ámbito privado al que estaban destinadas para volcarse al espacio público, a recorrer cada comisaría, hospital, iglesia y oficina pública, y también a encontrarse con otras mujeres y recorrer, juntas, esas históricas rondas para exigir la aparición de las hijas e hijos que el Estado les había arrebatado. Son esas mujeres inmensas quienes nos enseñan el camino para enfrentar el avance fascista actual y para alcanzar la felicidad por la que luchaban las y los 30000.

EL RECLAMO DE VERDAD: ¡QUE DIGAN DÓNDE ESTÁN!

A 50 años del golpe, la herida sigue abierta mientras no sepamos el destino final de todas las personas desaparecidas, hasta la restitución de la identidad de cada nieta y nieto. Cada restitución es una victoria contra el olvido y una pieza de Verdad que se recupera para toda la sociedad. Seguimos preguntando dónde están, seguimos exigiendo a los genocidas que quiebren los pactos de silencio y que se juzgue a quienes financiaron el horror.

La Memoria sin justicia es solo nostalgia. Por eso, reafirmamos que el único lugar para los genocidas es la cárcel. Rechazamos cualquier intento de impunidad, beneficio domiciliario y discursos negacionistas que pretenden relativizar el genocidio perpetrado. 

Exigimos a la Justicia Federal celeridad en los juicios y cárcel común, perpetua y efectiva para todos los sectores responsables.

MEMORIA COLECTIVA: UN COMPROMISO DEL PRESENTE 

La Memoria no es una foto vieja, es una herramienta de construcción de futuros posibles. A 50 años, la memoria colectiva es el espacio común desde el cual podemos hacer frente a los discursos y acciones que pretenden justificar el autoritarismo. 

Recordamos para pensar juntas y juntos una utopía compartida desde la cual transitar el camino para construir una sociedad más justa, plural y con mayor igualdad, para alcanzar esas promesas que esta democracia, hoy en una grave crisis, en 42 años no supo cumplir. Soñar con un futuro mejor, hoy, es el mayor acto de rebeldía que debemos asumir para frenar el avance de la ultraderecha radicalizada, del autoritarismo de este gobierno fascista que relativiza los crímenes del golpe genocida.

Salimos a las calles junto a las Abuelas, las Madres, Hijos/as, Nietos/as, organismos de Derechos Humanos para luchar contra la impunidad de ayer y hoy, contra el neoliberalismo que depreda vidas y recursos, contra la justicia cómplice de los sectores que concentran las riquezas y expolian a nuestro pueblo; en defensa de la democracia y porque la deuda es con el pueblo. 

¡30000 compañeras y compañeros detenidos desaparecidos, presentes! ¡Ahora y siempre!
¡Nunca más!
¡No perdonamos, no nos olvidamos y no nos reconciliamos!
¡El único lugar para un genocida es la cárcel común, efectiva y perpetua!
¡La educación pública construye Memoria, Verdad y Justicia!

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