I Seminario didáctico Fueguino sobre Pedagogía de la Memoria: Herramientas para la intervención docente

¿Qué es la memoria? Una aproximación conceptual 

La memoria es un campo de estudio y reflexión estrechamente ligado con los pasados traumáticos, en toda América Latina se encuentra vinculado con la salida de las dictaduras. Es la posibilidad de enlazar el pasado, el presente y el futuro.

Se trata de un proceso subjetivo, pues está construida desde las experiencias y las marcas simbólicas y materiales a través de relatos, muchas veces fragmentados, dando cuenta de la pugna por construir sentidos: la memoria es un objeto de disputa. El rol de quienes construyen la memoria se ejerce desde las relaciones sociales en las que se ubican, y toda relación social es siempre una relación de poder. Así se explica que no exista una sola forma de narrar el pasado. Podemos decir que la memoria está signada por una disputa de sentidos para imponerse como dominantes, por ello deberíamos hablar de memorias en plural. 

A lo largo del tiempo los marcos sociales, culturales y políticos se transforman, habilitando nuevas lecturas del pasado. Así es cómo las memorias también se van transformando: las memorias tienen historia. Son modos de representación del pasado, y cumplen un rol fundamental para constituir las identidades colectivas

Historia y Memoria

Aunque guardan una relación muy estrecha por surgir de una preocupación compartida y tengan un mismo objeto de estudio -el pasado-, la historia y la memoria no son lo mismo. La historia estudia el pasado a partir de las exigencias disciplinares y los procedimientos críticos para explicar, comprender e interpretar el pasado, muchas veces recurriendo a otros campos de las ciencias sociales como la economía, la sociología, la antropología, las ciencias políticas, entre otras. La memoria, por su parte, está ligada a la transmisión de un suceso narrado desde la propia experiencia, por lo que el carácter subjetivo tiene un alto valor.

Sobre la enseñanza de la historia reciente

Partimos de entender a la historia reciente como historia viva. Si bien existen debates en torno al marco temporal que debe abarcar, las/os especialistas coinciden en comprender que se enmarca en aquellos hechos y procesos traumáticos cuyas consecuencias aún afectan a la sociedad, y que sus actores, víctimas y testigos, aún están vivos. Una de las características de la historia reciente es la posibilidad de contar con el testimonio de quienes vivieron tales sucesos, llamados testimonios vivos.

La escuela toma un rol fundamental en la transmisión del pasado reciente cuando la memoria y los Derechos Humanos se convierten en contenidos obligatorios transversales a partir de la sanción de la Ley de Educación Nacional N°26206 que, en su artículo 92, establece la inclusión de contenidos sobre “el ejercicio y construcción de la memoria colectiva sobre los procesos históricos y políticos que quebraron el orden constitucional y terminaron instaurando el terrorismo de Estado, con el objeto de generar en los/as alumnos/as reflexiones y sentimientos democráticos y de defensa del Estado de Derecho y la plena vigencia de los Derechos Humanos, en concordancia con lo dispuesto por la Ley N° 25.633.

Muchas/os estudiantes tienen su primer contacto con la historia del terrorismo de Estado en las aulas, demostrando el protagonismo que adquiere la escuela en este tema como un territorio de refugio y custodia, en el cual las nuevas ciudadanías puedan construir sentidos críticos sobre el pasado que aseguren la no repetición.

En suma, reformulamos la afirmación de Theodor Adorno (1998) para decir, a viva voz, “la exigencia de que el terrorismo de Estado no se repita es la primera de todas en la educación”.

Pedagogía de la memoria

El enfoque de la pedagogía de la memoria parte de los desafíos de la transmisión de pasados traumáticos, recuperando los interrogantes propios de la pedagogía para hacerse preguntas específicas ¿Cómo transmitimos pasados cargados de dolor? ¿Cómo nombramos lo inenarrable ¿Qué decimos y cómo construimos espacios de reflexión sobre las violaciones a los Derechos Humanos?

La enseñanza sobre el terrorismo de Estado en Argentina se caracteriza por abordar un pasado que “no pasa”, sigue presente en las experiencias y reflexiones subjetivas que tornan complejo su abordaje. Esto se da porque sus responsables siguen siendo juzgados, aún no sabemos qué sucedió ni donde están las/os 30000 desaparecidas/os y los bebés -hoy adultas/os- nacidas/os en cautiverio que aún no recuperaron su identidad. Sumado a ello, todavía persisten los discursos que niegan, relativizan o reivindican los crímenes de la dictadura, apoyándose en explicaciones y argumentos simplistas sobre los cuales la escuela tiene el deber de actuar.

La pedagogía de la memoria propone ir más allá del conocimiento del proceso histórico: los acontecimientos nos obligan a pensar cómo en las sociedades se pudieron instalar mecanismos de exterminio de otros seres humanos. Y, para llegar a una profunda comprensión del genocidio, debemos preguntarnos quiénes son las/os desaparecidas/os: cómo se llaman, cuál es su historia, quiénes son sus afectos, cuál era su proyecto de vida.

Para la enseñanza del pasado reciente se proponen cuatro problemas o dimensiones: la transmisión generacional, la representación del pasado, la dimensión local de la memoria y el vínculo con el presente y los Derechos Humanos hoy.

La transmisión de las memorias a quienes no vivieron ese pasado no debe ser pensada como la transferencia pura en la que las/os jóvenes reciban pasivamente las lecciones del pasado. Más bien, sólo es posible como espacio de intercambio donde las nuevas generaciones puedan abrir interrogantes y resignificarlas en su propia trama de experiencias que configuran su subjetividad. Debemos pensar la transmisión no en sentido unidireccional, más bien como si se moviera en espiral, de esta forma las juventudes podrán asumir el deber de preservar el patrimonio histórico y poner en práctica su derecho a ejercer su propia memoria y conocer su historia.

Las representaciones del pasado que lo hacen comprensible en el presente son las imágenes, fotografías y narraciones que permiten abrir interrogantes. El debate sobre cómo representamos lo irrepresentable tiene como centro el problema de los límites cognitivos, morales y estéticos de la transmisión del horror. Son interrogantes que debemos atravesar para ofrecer a nuestras/os estudiantes los recursos adecuados que respondan a las especificidades de la pedagogía de la memoria.

La memoria de nuestro pasado está marcada por la fragmentación: podemos conocer lo que ocurrió en ciudades como La Plata o Buenos Aires, pero tal vez no en Libertador General San Martín, en Jujuy, o aquí en Tierra del Fuego AIAS. La dimensión local de la memoria nos plantea el desafío de indagar las historias locales, enhebrándolas en un relato más amplio que evite homogeneizar las memorias. Esta dimensión nos invita a preguntarnos qué sucedió en nuestra ciudad durante la dictadura, qué experiencias nos narran quienes estuvieron aquí en ese momento histórico. 

Por último, abrir interrogantes sobre los vínculos entre la memoria y el presente nos permite reconocer las rupturas y continuidades que pueden ser el puente para transformar nuestra realidad. De este modo, la pedagogía de la memoria permite poner en diálogo las preguntas sobre los Derechos Humanos que posiblemente no hubiésemos formulado de otro modo.

Material de Pedagogía de la Memoria