Desde el SUTEF, recordamos que el 26 de junio de 2002 fue una cacería estatal diseñada para disciplinar y castigar a un pueblo que se negaba a ser hambreado por el modelo neoliberal de saqueo y entrega; un pueblo trabajador capaz de organizarse para resistir.
La docencia sabe que las aulas no son islas: lo que sucede en la calle, en la historia y en la lucha por la dignidad, atraviesa cada guardapolvo, impacta de lleno el devenir en nuestras aulas, repercute en nuestras y nuestros estudiantes. Recordar la Masacre de Avellaneda en nuestras aulas es indispensable para construir un presente más plural, más democrático y con la plena vigencia de los derechos conquistados por el pueblo.
Un espejo de la crisis: en mayo de 2002, el país sufría una devaluación feroz y más del 51,4% de la población vivía bajo la línea de pobreza. En ese contexto de entrega, las organizaciones sociales marcharon por salarios dignos, alimentos y en solidaridad con fábricas como Zanón, defendiendo la industria nacional. Hoy, ante un modelo que promueve la desindustrialización y la entrega de nuestra soberanía, la docencia fueguina sabe que la lucha por el trabajo es la lucha por la educación.
Maxi y Darío son mucho más que nombres en una estación; son el símbolo de la solidaridad, de la organización colectiva. Maxi, el artista que no dejaron ser; Darío, el joven que se quedó a sostener la mano de su compañero en lugar de correr.
En las aulas fueguinas, sembremos Memoria, Verdad y Justicia ¡Darío y Maxi Presentes! ¡Ahora y siempre!
SUTEF











